viernes, 9 de octubre de 2026

ACTIVIDADES PARA EL 13 DE OCTUBRE. CONDE LUCANOR

 

ACTIVIDADES: 

Lee estos 2 cuentos de El Conde Lucanor y responde a las preguntas:

1. ¿Quién es el autor de los cuentos de El conde Lucanor?

2. ¿Qué tipo de narrador hay en el libro? personaje, omnisciente, protagonista, objetivo...

3. ¿Qué dos personajes se repiten en todos los cuentos y qué roles tiene cada uno de ellos?

4. Valora si es un buen consejero el que aparece en ambos cuentos y por qué, pon uno o varios adjetivos a los consejos que da a su amo: imprudentes, prudentes, razonables, arriesgados, desconsiderados, temerarios, bondadosos, caritativos...

5. Piensa en dos situaciones actuales a las que se pueda aplicar la enseñanza de cada uno de estos cuentos y describe cada situación y su justificación en un par de líneas.


Cuento VI – El conde Lucanor

[Cuento - Texto completo.]

Juan Manuel

Lo que sucedió a la golondrina con los
otros pájaros cuando vio sembrar el lino


Otra vez, hablando el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo:

-Patronio, me han asegurado que unos nobles, que son vecinos míos y mucho más fuertes que yo, se están juntando contra mí y, con malas artes, buscan la manera de hacerme daño; yo no lo creo ni tengo miedo, pero, como confío en vos, quiero pediros que me aconsejéis si debo estar preparado contra ellos.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio- para que podáis hacer lo que en este asunto me parece más conveniente, me gustaría mucho que supierais lo que sucedió a la golondrina con las demás aves.

El conde le preguntó qué había ocurrido.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio- la golondrina vio que un hombre sembraba lino y, guiada por su buen juicio, pensó que, cuando el lino creciera, los hombres podrían hacer con él redes y lazos para cazar a los pájaros. Inmediatamente se dirigió a estos, los reunió y les dijo que los hombres habían plantado lino y que, si llegara a crecer, debían estar seguros de los peligros y daños que ello suponía. Por eso les aconsejó ir a los campos de lino y arrancarlo antes de que naciese. Les hizo esa propuesta porque es más fácil atacar los males en su raíz, pero después es mucho más difícil. Sin embargo, las demás aves no le dieron ninguna importancia y no quisieron arrancar la simiente. La golondrina les insistió muchas veces para que lo hicieran, hasta que vio cómo los pájaros no se daban cuenta del peligro ni les preocupaba; pero, mientras tanto, el lino seguía encañando y las aves ya no podían arrancarlo con sus picos y patas. Cuando los pájaros vieron que el lino estaba ya muy crecido y que no podían reparar el daño que se les avecinaba, se arrepintieron por no haberle puesto remedio antes, aunque sus lamentaciones fueron inútiles pues ya no podían evitar su mal.

»Antes de esto que os he contado, viendo la golondrina que los demás pájaros no querían remediar el peligro que los amenazaba, habló con los hombres, se puso bajo su protección y ganó tranquilidad y seguridad para sí y para su especie. Desde entonces las golondrinas viven seguras y sin daño entre los hombres, que no las persiguen. A las demás aves, que no supieron prevenir el peligro, las acosan y cazan todos los días con redes y lazos.

»Y vos, señor Conde Lucanor, si queréis evitar el daño que os amenaza, estad precavido y tomad precauciones antes de que sea ya demasiado tarde: pues no es prudente el que ve las cosas cuando ya suceden o han ocurrido, sino quien por un simple indicio descubre el peligro que corre y pone soluciones para evitarlo.

Al conde le agradó mucho este consejo, actuó de acuerdo con él y le fue muy bien.

Como don Juan vio que este era un buen cuento, lo mandó poner en este libro e hizo unos versos que dicen así:

Los males al comienzo debemos arrancar,
porque una vez crecidos, ¿quién los atajará?

FIN


Cuento VIII – El conde Lucanor

[Cuento - Texto completo.]

Juan Manuel

Lo que sucedió a un hombre al que tenían que limpiarle el hígado


Otra vez hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:

-Ahora estoy necesitado de dinero, aunque Dios me ha hecho venturoso otras muchas veces. Creo que tendré que vender una de mis tierras, aquella por la que más cariño siento, aunque, si lo hago, me resultará muy doloroso, o bien tendré que hacer otra cosa que me dolerá tanto como la anterior. Tengo que hacerlo para salir del agobio y de la penuria en que estoy, pues, aunque me ven así, y a pesar de que no lo necesitan verdaderamente, vienen a mí muchas gentes a pedirme un dinero que tantos sacrificios me va a costar. Por el buen juicio que Dios ha puesto en vos, os ruego que me digáis lo que debo hacer en este asunto.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio- me parece que os ocurre a vos con esa gente lo que le pasó a un hombre que estaba muy enfermo.

Y el conde le rogó que le contara lo acaecido.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, había un hombre que estaba muy enfermo, al cual dijeron los médicos que no podría curarse si no le hacían una abertura en el costado para sacarle el hígado y lavarlo con unas medicinas. Mientras lo estaban operando, el cirujano tenía el hígado en las manos y, de pronto, un hombre que estaba cerca comenzó a pedirle un trozo de aquel hígado para su gato.

»Y vos, señor Conde Lucanor, si queréis perjudicaros para conseguir un dinero que después vais a dar a quienes no lo necesitan, podréis hacerlo por vuestro capricho, pero nunca por mi consejo.

Al conde le agradó mucho lo que dijo Patronio, siguió sus consejos y le fue muy bien.

Y como don Juan vio que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:

Si no te piensas bien a quién debes prestar,
sólo muy graves daños te podrán aguardar.

FIN

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